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El Amuleto

Africanos · Bebés y embarazo

Akuaba, la muñeca de la fertilidad que se llevaba como a una hija

Lectura de 9 min · Actualizado en noviembre de 2026

Figura akuaba asante de madera oscura con la cabeza en forma de disco y cuentas en el cuello
En resumen
  • Es una talla de madera asante, de Ghana, que las mujeres llevaban atada a la espalda igual que se lleva a un bebé.
  • Su nombre, «la criatura de Akua», nació como una burla de las vecinas a la mujer de la leyenda.
  • La cabeza de disco es el ideal de belleza akan, y los anillos del cuello representan salud y prosperidad.
  • La cabeza redonda es asante y la rectangular fante: es geografía, no el sexo del bebé, aunque se repita lo contrario.

Una mujer camina con un bulto atado a la espalda, metido en el pañuelo, igual que se lleva a un hijo. Le da de comer. Por la noche la acuesta. Pero dentro del pañuelo no hay ningún niño: hay una figura de madera con la cabeza plana y redonda como un plato, sin piernas, con los brazos abiertos en cruz.

Y la gente se ríe de ella. Esa es la parte de la historia que las tiendas no cuentan, y es justo la parte que importa.

Una hija de madera a la espalda

Se llama akua’ba, y en plural akua’mma. Viene de los asante, uno de los pueblos akan de Ghana, y es una talla pequeña de madera, a veces con cuentas de vidrio en el cuello, que las mujeres que querían quedarse embarazadas llevaban encima durante meses. No se la activaba una misma, como se hace con casi todos los amuletos: la consagraba un sacerdote antes de entregarla.

Aquí se la conoce como la muñeca africana de la fertilidad, y el nombre se entiende aunque se quede corto: de juguete no tenía nada, y quien la llevaba no estaba jugando.

No era un objeto raro ni de unas pocas: el conservador Malcolm McLeod calculó que llegó a tenerla una de cada tres o cuatro mujeres. Y no se llevaba en el bolsillo ni colgada del cuello. Se llevaba a la espalda, dentro del paño, en el mismo sitio exacto donde iría la criatura. El amuleto no pedía un hijo: ensayaba tenerlo.

Akua, la mujer de la que se reían

Hubo una mujer llamada Akua que no conseguía tener hijos. Fue a ver a un sacerdote y lo que él le mandó no fue una hierba ni una oración: le mandó encargar una figura de madera y llevarla como si fuera su bebé. Cuidarla. Sacarla a la calle.

Akua lo hizo, y en el pueblo empezaron a burlarse. A la figura la llamaron akua’ba, «la criatura de Akua», que era una manera de reírse de las dos. Después Akua tuvo una hija. Y entonces las mismas que se habían reído encargaron la suya.

El nombre que hoy lleva el amuleto en los museos del mundo nació como un insulto de vecinas. Doran H. Ross, que estudió estas piezas en el Fowler Museum, señala que el relato se ha recogido muchas veces y con muy pocas variaciones entre una versión y otra. No es un cuento que hayan pulido las tiendas: la burla estaba desde el principio.

Ficha del símbolo
OrigenPueblo asante (akan), Ghana. Piezas documentadas desde finales del siglo XIX
TradiciónAfricanos
MaterialesMadera tallada, a veces con cuentas de vidrio, pintura y aceite
Se asocia conFertilidad, embarazo, belleza y salud de la criatura, memoria de un hijo muerto

Una cabeza como la luna llena

Lo primero que desconcierta de una akuaba es la cabeza: un disco enorme, liso, desproporcionado respecto al cuerpecito que lo sostiene. No es una abstracción caprichosa. Esa frente ancha y ovalada es el ideal de belleza akan, y no solo en la madera: a los recién nacidos se les moldeaba con suavidad el cráneo, que todavía es blando, para acercarlo a esa forma.

Los anillos del cuello tampoco son collares. Representan pliegues de carne, que en la cultura akan se leen como salud, prosperidad y hermosura. Y los brazos cortos abiertos a los lados, sin piernas debajo, delatan para qué está hecha: una figura así no se tiene de pie. Se ata.

Mírala entera y entenderás que no es el retrato de un bebé. Es el retrato de un deseo muy concreto: que la criatura que venga sea sana, esté gorda y sea guapa. Todo eso dicho en veinte centímetros de madera.

Cuando por fin llegaba el bebé

Aquí es donde la akuaba se separa de cualquier amuleto occidental, porque tiene un final. Después del embarazo, muchas se devolvían al santuario como ofrenda a los espíritus que habían ayudado, y allí se quedaban, igual que en Japón se devuelven los omamori al año. Un santuario con decenas de akua’mma amontonadas era la prueba pública de que aquellos espíritus daban hijos: un expositor de resultados.

Otras se quedaban en casa. Pasaban a ser herencia familiar, o acababan en manos de la propia niña como juguete, que es el destino más hermoso que puede tener un objeto así. Y algunas, cuando un hijo se moría, se guardaban para recordarlo: entonces dejaban de tener ninguna función espiritual y valían por lo que valen los objetos de los muertos, que es por la persona que recuerdan.

Ross cuenta también el final más duro: una mujer que nunca llegó a concebir podía quedarse con la suya toda la vida y ser enterrada con ella. Y advierte de algo que conviene retener: nada de esto está codificado. No hay un reglamento. Hay costumbre, y dentro de la costumbre, mucho sitio para que cada una hiciera lo suyo.

Redonda en Kumasi, cuadrada en la costa

No todas tienen la cabeza redonda. Las de los asante, tierra adentro, son el disco que todo el mundo conoce; las de los fante, en la costa, son rectangulares. Misma idea, dos tierras.

Y aquí llegamos a la confusión más repetida de internet: que la cabeza redonda significa niña y la rectangular, niño. No. Eso es una teoría que lanzó el artista y escritor ghanés Kofi Antubam y que Ross desmonta sin acritud: lo que hay detrás es que las akua’mma asante, las del disco, suelen llevar talladas las señales del cuerpo femenino, y las fante rectangulares casi nunca. De ahí salió la idea. La forma de la cabeza es geografía, no sexo.

La figura, además, se quedó a vivir en el lenguaje: la akuaba es uno de los símbolos adinkra, el repertorio gráfico akan que se estampa en telas y se talla en muebles, donde significa fertilidad y descendencia.

Lo que se cuenta hoy y no está en ninguna parte

Esta es la parte que nos parece más interesante, y no la vas a encontrar en las fichas de producto por razones evidentes.

Alrededor de la akuaba ha crecido en las últimas décadas una capa entera de creencias nuevas, sobre todo fuera de Ghana. Ross las repasa una por una. La más extendida es que la figura deriva del ankh egipcio, por aquel parecido del disco sobre los brazos en cruz: es una hipótesis antigua y desacreditada hace mucho que ha vuelto a circular con fuerza, y que él considera sencillamente inverosímil. La teoría del niño y la niña se ha convertido en folclore. Y hay tradiciones orales recogidas de buena fe que, cuando se rastrean, resultan venir de folletos comerciales.

Su conclusión tiene una honestidad que da gusto leer: en esto ganan los creyentes. La academia se dedica a anotar las tradiciones viejas mientras las nuevas se extienden solas entre quienes las viven. Nosotras no vamos a decirte cuál creer. Vamos a decirte cuál está documentada y cuál nació en un catálogo, que no es lo mismo.

Antigua o de recuerdo

Si te estás planteando comprar una, el dato más útil es este: las miniaturas para turistas no son de ahora. Ross documenta souvenires ya en 1924. Es decir, la akuaba de recuerdo es casi tan vieja como las piezas que están en las vitrinas, y llevar décadas encima no convierte a ninguna en lo que no es.

Lo que sí distingue a una pieza que se usó es el uso: el desgaste de la espalda por el roce del paño, la pátina de las manos en la cabeza, los agujeros de las cuentas, la madera comida de forma desigual. Una talla nueva salida de los talleres de Ahwia, donde se siguen haciendo, no es una falsificación: es una akuaba nueva, y los talleres tienen nombre y firma, como el de Osei Bonsu, de cuyas piezas se conservan ejemplares fechados hacia 1935.

Y una cosa que nos parece de sentido común: es un objeto de una cultura viva, no una curiosidad. Compra sabiendo lo que compras y a quién se lo compras.

Preguntas rápidas

¿Qué significa «akuaba»?

«La criatura de Akua», por la mujer de la leyenda. El plural es akua’mma.

¿Por qué tiene la cabeza plana y redonda?

Porque la frente ancha y ovalada es el ideal de belleza akan, el mismo que se buscaba moldeando con suavidad el cráneo blando de los recién nacidos.

¿Cómo se llevaba?

Atada a la espalda, dentro del pañuelo, en la posición en la que se lleva a un bebé. Se la cuidaba como a un hijo mientras duraba la espera.

¿Qué se hacía con ella después del parto?

Muchas se devolvían al santuario como ofrenda. Otras se quedaban en la familia como herencia o acababan siendo el juguete de la niña que había nacido.

¿Es buen regalo para una embarazada?

Como objeto con historia, sí, y se entiende el gesto. Pero conviene saber que su sitio en Ghana era el de antes del embarazo, no el de después, y que aquí no promete nada: la fertilidad y el embarazo son asunto médico y no hay talla que los sustituya. Si buscas algo para regalar en ese momento, aquí están los amuletos de cuna y de embarazo, empezando por el ojo de venado.

¿Cómo sé si una akuaba es antigua?

Por el desgaste de haber sido llevada, no por el precio ni por el relato del vendedor. Las piezas para turistas existen desde los años veinte del siglo pasado.

Nuestro ritual

Cómo se activa

Para este amuleto no hay una tradición clara de activación. El ritual que viene aquí es nuestro: lo hemos armado con lo que el objeto es, su material y su gesto.

CuándoUn día que elijas tú, sin prisa. La espera no tiene fecha.
Qué necesitasTu akuaba · un paño o pañuelo · unos minutos tranquila
  1. Léete la historia de Akua, en voz alta o para ti. No inventas otra: entras en esa.
  2. Sostén la figura con las dos manos y di con tus palabras qué esperas. No tiene por qué ser un hijo: puede ser cualquier espera.
  3. Envuélvela en el paño como se lleva a una criatura y llévala un rato, en brazos o contra la espalda.
  4. Déjala donde la veas cada día. En una vitrina no: a la vista, y donde pueda acompañarte.

Y después. Si llega lo que esperabas, decides tú: guardarla, regalarla o dársela a tu hija para que juegue. Era lo que se hacía.

Este ritual es nuestro, no de los asante. La consagración la hacía un sacerdote y de esa parte no hay versión casera. Y la fertilidad y el embarazo son asunto médico: aquí no se promete nada.

Cómo se activa un amuleto, en general →